Dolor al defecar: ¿hemorroides o fisura anal?

dolor al defecar

El dolor al defecar es un problema frecuente y, cuando aparece, muchas personas llegan rápidamente a la misma conclusión:

“Tengo hemorroides”.

Pero no siempre es así.

De hecho, cuando existe un dolor intenso durante la deposición que continúa después de ir al baño, una de las posibilidades que debemos valorar es una fisura anal.

Hemorroides y fisura anal pueden compartir algunos síntomas, especialmente el sangrado, pero son problemas diferentes y su tratamiento también puede serlo.

Por eso, antes de comprar otra crema para las hemorroides, conviene responder a una pregunta:

¿Qué está provocando realmente el dolor?

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¿Qué es una fisura anal?

Una fisura anal es una pequeña herida o desgarro de la mucosa del canal anal.

Puede aparecer después del paso de unas heces duras o voluminosas, aunque no siempre existe un desencadenante tan evidente.

Cuando se produce la herida, la deposición puede volver a traumatizar la zona y provocar dolor. Además, puede existir un aumento del tono del esfínter anal interno que favorece que la fisura se mantenga.

Así puede establecerse un círculo difícil de romper:

dolor → espasmo → dificultad para cicatrizar → nueva deposición → más dolor.

Y por eso una fisura que inicialmente parecía un pequeño problema puede terminar persistiendo durante semanas o meses.

¿Cómo es el dolor de una fisura anal?

El dolor suele ser bastante característico.

Muchas personas lo describen como:

un corte, un desgarro, un pinchazo o una sensación de quemazón muy intensa.

Habitualmente aparece durante la deposición.

Pero lo especialmente característico es que puede continuar después de haber terminado de defecar, en ocasiones durante bastante tiempo.

Algunas personas llegan a tener miedo de ir al baño porque saben que después aparecerá el dolor.

Y esto puede empeorar todavía más el problema: intentar retrasar la deposición puede favorecer que las heces sean más duras y difíciles de expulsar.

¿Una fisura puede producir sangre?

Sí.

Es frecuente encontrar una pequeña cantidad de sangre roja brillante, especialmente en el papel higiénico o en la superficie de las heces.

La combinación:

dolor intenso al defecar + sangre roja brillante

puede hacernos pensar en una fisura anal.

Pero los síntomas por sí solos no siempre permiten establecer el diagnóstico.

¿Y las hemorroides cómo duelen?

Aquí existe una confusión muy habitual.

Las hemorroides internas no complicadas generalmente no producen el dolor intenso típico de una fisura anal.

Pueden producir:

  • sangrado rojo brillante;
  • prolapso;
  • sensación de que algo sale por el ano;
  • picor;
  • irritación;
  • dificultades de higiene;
  • o molestias.

Sin embargo, existen situaciones relacionadas con las hemorroides que sí pueden ser muy dolorosas.

Una de ellas es la trombosis hemorroidal externa.

¿Qué es una trombosis hemorroidal externa?

Puede aparecer como un bulto doloroso en el margen anal, generalmente de inicio relativamente brusco.

En ocasiones el dolor puede ser intenso.

Por tanto, ante una persona que me dice:

“Me duele muchísimo y me ha salido un bulto”

la situación es diferente de aquella que explica:

“Cada vez que defeco siento como si me cortaran y después sigo teniendo dolor”.

La historia clínica empieza a orientarnos.

Pero necesitamos explorar para saber qué está ocurriendo.

Hemorroides o fisura anal: ¿cómo diferenciarlas?

De manera simplificada:

Síntomas/Signos clínicosFisura analHemorroides
Dolor al defecarMuy frecuente, puede ser intensoNo necesariamente
Dolor después de defecarMuy característicoMenos típico
Sangre rojaPuede aparecerMuy frecuente en hemorroides internas
Sensación de corteCaracterísticaNo habitual
ProlapsoNoPuede existir
Bulto analPuede existir un pliegue asociado en fisuras crónicasPuede aparecer, especialmente en patología externa/prolapso
Picor/irritaciónPuede existirPuede existir

Esta tabla sirve para orientarnos, no para hacer un diagnóstico en casa.

Porque puede haber más de un problema al mismo tiempo y existen otras enfermedades que también pueden producir dolor o sangrado anal.

¿Por qué aparece una fisura anal?

Uno de los desencadenantes más frecuentes es el traumatismo producido por una deposición dura.

Por eso el estreñimiento tiene mucha importancia.

Pero también puede aparecer asociada a episodios repetidos de diarrea o a otras circunstancias.

Cuando una fisura tiene una localización atípica, existen varias lesiones o presenta características poco habituales, debemos valorar si puede existir una enfermedad subyacente.

No todas las fisuras deben darse automáticamente por “fisuras por estreñimiento”.

¿Una fisura anal se cura sola?

Algunas fisuras recientes pueden mejorar al corregir los factores que favorecen el traumatismo.

Uno de los objetivos principales es conseguir:

deposiciones blandas, regulares y fáciles de expulsar.

Esto puede requerir cambios en la alimentación, una ingesta adecuada de líquidos y, en determinados pacientes, suplementos de fibra o tratamientos dirigidos a regular el tránsito intestinal.

Pero cuando una fisura persiste, el problema puede ser más complejo que simplemente tener heces duras.

¿Qué diferencia hay entre una fisura aguda y una crónica?

De forma general, hablamos de una fisura aguda cuando es de aparición relativamente reciente.

Cuando persiste en el tiempo pueden aparecer cambios característicos y hablamos de una fisura crónica.

Esta distinción importa porque puede cambiar nuestra estrategia de tratamiento.

Una fisura crónica puede necesitar tratamientos dirigidos no solo a conseguir unas deposiciones adecuadas, sino también a disminuir el tono del esfínter anal interno y favorecer la cicatrización.

¿Cómo se trata una fisura anal?

El tratamiento depende de cuánto tiempo lleva presente, sus características y las circunstancias de cada paciente.

En muchos casos comenzamos con medidas conservadoras.

Conseguir unas deposiciones adecuadas

Es fundamental.

Queremos evitar tanto las heces excesivamente duras como el esfuerzo.

Puede recomendarse:

  • aumentar progresivamente la fibra;
  • mantener una hidratación adecuada;
  • evitar retrasar innecesariamente la deposición;
  • evitar realizar esfuerzos prolongados;
  • y utilizar, cuando esté indicado, tratamientos que ayuden a mantener las heces blandas.

Baños de asiento

El agua templada puede proporcionar alivio sintomático a algunas personas y favorecer la relajación de la zona.

No sustituye otros tratamientos cuando son necesarios, pero puede formar parte de las medidas iniciales.

Tratamientos tópicos específicos

Cuando una fisura persiste pueden utilizarse determinados tratamientos tópicos destinados a reducir temporalmente el tono del esfínter interno y favorecer la cicatrización.

No son simplemente “cremas para las hemorroides”.

Y pueden producir efectos secundarios, por lo que deben utilizarse con una indicación adecuada.

¿Se utiliza toxina botulínica?

En determinados pacientes puede plantearse la inyección de toxina botulínica.

Su objetivo es disminuir temporalmente la contracción del esfínter anal interno para favorecer la cicatrización de la fisura.

No es necesaria en todas las fisuras y su papel debe valorarse individualmente.

¿Cuándo hay que operar una fisura anal?

La mayoría de las personas que consultan por primera vez por una fisura no necesitan entrar directamente en quirófano.

La cirugía puede plantearse especialmente en fisuras crónicas que persisten pese a un tratamiento conservador adecuado, teniendo en cuenta las características de cada paciente.

Una de las intervenciones clásicas es la esfinterotomía lateral interna, en la que se secciona de forma controlada una parte del esfínter anal interno.

Es un tratamiento muy eficaz para determinadas fisuras crónicas.

Pero tiene una cuestión que debe formar parte necesariamente de la conversación antes de operar:

la continencia.

¿La operación puede afectar a la continencia?

La posibilidad de alteraciones de la continencia es uno de los riesgos que debemos considerar al plantear una esfinterotomía.

Por eso no todas las personas deberían recibir exactamente el mismo tratamiento.

Antes de indicar cirugía me interesa conocer factores como:

  • continencia previa;
  • antecedentes obstétricos;
  • cirugías anales previas;
  • características de la fisura;
  • edad y circunstancias individuales;
  • y posibles lesiones previas del aparato esfinteriano.

La cirugía no debería plantearse únicamente porque:

“La fisura no se cura”.

Tenemos que valorar también qué tratamiento ofrece una buena probabilidad de curación con un riesgo aceptable para esa persona concreta.

Aquí también importa la toma de decisiones compartida

En algunas situaciones existen varias alternativas razonables.

Podemos hablar de continuar o modificar un tratamiento conservador.

Podemos plantear toxina botulínica en pacientes seleccionados.

Podemos valorar cirugía.

Y cada alternativa presenta diferentes posibilidades de curación, recurrencia, efectos secundarios y recuperación.

La toma de decisiones compartida no significa entregar esas opciones al paciente y decir:

“Elige”.

Significa explicar qué sabemos sobre cada alternativa y después incorporar información que solo esa persona puede aportar:

¿Qué síntomas tiene?

¿Cuánto interfieren en su vida?

¿Qué tratamientos ha probado?

¿Qué riesgos le preocupan especialmente?

¿Cómo es su función intestinal y continencia previa?

La mejor decisión no depende únicamente de qué técnica podemos realizar.

Depende también de a quién estamos tratando.

¿Y si llevo meses utilizando crema para hemorroides?

Entonces merece especialmente la pena comprobar el diagnóstico.

Es relativamente frecuente que una persona con una fisura anal lleve semanas utilizando tratamientos para hemorroides porque ha interpretado:

dolor + sangre = hemorroides.

Si el tratamiento no funciona, no siempre significa que las hemorroides sean “muy graves”.

Puede significar simplemente que no estamos tratando el problema correcto.

¿Cuándo debería consultar por dolor al defecar?

Recomiendo valoración especialmente cuando:

  • el dolor es intenso;
  • se repite en cada deposición;
  • persiste después de defecar;
  • existe sangrado;
  • aparece un bulto anal;
  • los síntomas duran varios días o se repiten;
  • tienes fiebre;
  • existe secreción de pus;
  • los síntomas no mejoran con medidas sencillas;
  • o llevas tiempo utilizando tratamientos para hemorroides sin resultado.

También merece valoración cualquier dolor anal de características atípicas o acompañado de otros síntomas intestinales.

Dolor intenso y fiebre: no siempre son hemorroides ni una fisura

Esto merece un apartado propio.

Un dolor anal intenso, continuo y progresivo, especialmente si se acompaña de fiebre, inflamación o malestar general, puede corresponder a un absceso perianal.

Un absceso es una infección y puede necesitar tratamiento urgente.

Por eso no recomiendo tratar durante días en casa un dolor anal muy intenso pensando simplemente:

“Se me habrán inflamado las hemorroides”.

Si existe fiebre, empeoramiento rápido o afectación general, solicita valoración médica.

¿Cómo es la exploración?

Entiendo que acudir a una consulta por dolor anal puede generar preocupación, especialmente si ya duele simplemente al defecar.

La exploración debe adaptarse a la situación.

Muchas fisuras pueden identificarse mediante una inspección cuidadosa de la región anal.

No siempre es necesario realizar todas las exploraciones inmediatamente si existe un dolor muy intenso.

La historia clínica y la inspección pueden aportar mucha información y después decidiremos qué exploraciones adicionales son necesarias.

Cinco ideas que quiero que recuerdes

1. Dolor al defecar no significa automáticamente hemorroides.

Una fisura anal es una causa frecuente.

2. El dolor que continúa después de la deposición es especialmente característico de la fisura.

Aunque el diagnóstico debe confirmarse en su contexto.

3. Tanto las hemorroides como las fisuras pueden producir sangre roja.

Por eso el sangrado por sí solo no permite diferenciarlas.

4. Muchas fisuras pueden tratarse sin cirugía.

Conseguir deposiciones adecuadas y utilizar el tratamiento indicado puede permitir su cicatrización.

5. Una fisura crónica que no responde al tratamiento merece una valoración especializada.

Existen otras alternativas, incluida la cirugía en pacientes seleccionados.

No necesitas aprender a distinguirlas tú

Internet puede ayudarte a comprender tus síntomas.

Pero no debería obligarte a convertirte en tu propio coloproctólogo.

Si cada deposición se ha convertido en un momento que temes por el dolor, si ves sangre repetidamente o llevas semanas aplicando tratamientos sin mejorar, consulta.

Puede tratarse de una fisura.

Pueden ser hemorroides.

Puede coexistir más de un problema.

O puede existir otra causa.

Lo importante no es acertar tú con el diagnóstico.

Lo importante es dejar de tratar un síntoma a ciegas y averiguar qué lo está produciendo.

A partir de ahí podremos decidir el tratamiento adecuado.

Porque cuando entiendes, decides mejor.

Dra. Marta Maes
Cirugía General y Digestiva · Coloproctología

Nota: Este artículo tiene finalidad divulgativa y no sustituye una valoración médica individual. Ante dolor anal intenso, sangrado persistente, fiebre o empeoramiento de los síntomas, solicita valoración médica.

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Cada persona y cada situación clínica son diferentes. Si tienes dudas sobre un problema de mama, cirugía general o necesitas valorar tu caso de forma individual, puedes solicitar una cita en nuestra Consulta Maes & Valbuena al 669 05 22 96.

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Dra. Marta Maes
Cirugía General y Digestiva · Patología Mamaria · Cáncer de Mama
Ourense

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