Una de las preguntas que más recibimos cuando hablamos de prevención del cáncer de mama es:
“Doctora, ¿a qué edad tengo que empezar a hacerme mamografías?”
Y en España esta pregunta acaba de adquirir especial importancia.
En 2026 se ha aprobado ampliar la población objetivo del programa de cribado de cáncer de mama del Sistema Nacional de Salud a las mujeres de entre 45 y 74 años.
Hasta ahora, la cartera común establecía el cribado entre los 50 y los 69 años.
La ampliación supone, por tanto, incorporar progresivamente a mujeres más jóvenes y también prolongar el programa hasta edades más avanzadas.
Pero antes de hablar de edades quiero explicar algo todavía más importante:
¿Qué significa realmente hacer cribado?

¿Qué es el cribado del cáncer de mama?
El cribado consiste en realizar pruebas a personas que no presentan síntomas, con el objetivo de detectar una enfermedad antes de que produzca manifestaciones clínicas.
En el cáncer de mama, la prueba fundamental utilizada para el cribado es la mamografía.
El objetivo es detectar determinados cánceres en fases más precoces, cuando todavía no han producido síntomas y las posibilidades de tratamiento pueden ser más favorables.
Por eso existe una diferencia fundamental entre:
cribado
y
diagnóstico.
Y comprenderla evita muchos errores.
Si tengo un bulto, ¿tengo que esperar a que me llamen para el cribado?
No.
Esta es probablemente la idea más importante de todo este artículo.
El programa de cribado está dirigido a mujeres sin síntomas.
Si has notado:
- un bulto nuevo en el pecho;
- un cambio reciente en la forma de una mama;
- retracción reciente del pezón;
- una alteración persistente de la piel;
- secreción espontánea por el pezón, especialmente sanguinolenta;
- un bulto en la axila;
- o cualquier otro cambio nuevo que te preocupe,
no debes esperar a recibir la siguiente invitación para realizarte una mamografía.
Necesitas una valoración diagnóstica.
Aunque tengas 35 años.
Aunque tengas 45.
Aunque te hayas realizado recientemente una mamografía de cribado.
Porque una prueba realizada a una mujer asintomática y el estudio de una mujer que presenta un síntoma responden a situaciones diferentes.
¿A qué edad comienza ahora el cribado de cáncer de mama en España?
En mayo de 2026, la Comisión de Salud Pública aprobó ampliar la población objetivo del programa de detección precoz del cáncer de mama del Sistema Nacional de Salud a las mujeres de 45 a 74 años.
La recomendación mantiene una periodicidad bienal, es decir, una mamografía cada dos años dentro del programa poblacional.
Hasta entonces, la cartera común del SNS establecía el cribado entre los 50 y 69 años.
La modificación amplía por tanto el programa en los dos extremos:
de 45 a 49 años
y
de 70 a 74 años.
¿Significa que si tengo 45 años ya me van a llamar?
No necesariamente de manera inmediata.
Este matiz es importante.
Los programas de cribado son gestionados por las comunidades autónomas y ya existían diferencias entre ellas antes de la nueva recomendación.
Algunas comunidades habían comenzado a incorporar edades inferiores a 50 años o superiores a 69 antes de la ampliación nacional.
La implantación del nuevo rango de 45 a 74 años será progresiva.
Por eso, si tienes entre 45 y 49 años o entre 70 y 74 y todavía no has recibido una invitación, conviene consultar cuál es la situación concreta del programa de cribado en tu comunidad autónoma.
¿Por qué se ha reducido la edad hasta los 45 años?
Porque la evidencia sobre el cribado continúa evolucionando.
El Ministerio de Sanidad señala que aproximadamente un 10 % de los cánceres de mama diagnosticados en España aparecen en mujeres menores de 50 años.
La evidencia evaluada para el grupo de 45 a 49 años indica que el cribado puede contribuir a reducir la mortalidad y favorecer el diagnóstico de tumores en estadios más precoces.
La decisión española también se enmarca en las recomendaciones europeas y en la experiencia que algunas comunidades autónomas ya habían acumulado incorporando estos grupos de edad.
Pero ampliar el cribado no significa simplemente:
“Cuantas más mamografías hagamos, mejor”.
El cribado es mucho más complejo.
¿Por qué no empezamos entonces a hacer mamografías a todas las mujeres desde los 30 años?
Porque cualquier programa de cribado debe demostrar que sus beneficios superan suficientemente a sus posibles perjuicios en la población a la que se ofrece.
Hacer una prueba médica no es automáticamente beneficioso por el simple hecho de hacerla.
Cuando adelantamos mucho la edad de inicio pueden aparecer diferentes problemas.
En mujeres jóvenes, por ejemplo, el tejido mamario suele ser más denso, lo que puede dificultar la interpretación de la mamografía.
Además, cuanto mayor es el número de pruebas realizadas a lo largo de la vida, mayor es también la posibilidad acumulada de encontrar alteraciones que finalmente resulten benignas y que obliguen a realizar estudios adicionales.
Por eso las edades y los intervalos de los programas de cribado se establecen valorando cuidadosamente el equilibrio entre beneficios y posibles daños.
¿Qué beneficios tiene el cribado?
El principal objetivo del cribado mamográfico es reducir la mortalidad por cáncer de mama mediante su detección precoz.
Detectar determinados tumores antes de que produzcan síntomas puede permitir diagnosticarlos en fases iniciales.
En algunas mujeres esto puede traducirse también en tratamientos menos agresivos.
Pero es importante explicar el cribado de una manera equilibrada.
Porque también tiene limitaciones.
¿Puede una mamografía de cribado dar una falsa alarma?
Sí.
Una mamografía puede mostrar una imagen que necesite estudiarse con mayor profundidad y que finalmente resulte benigna.
Esto se denomina falso positivo.
En esos casos puede ser necesario repetir imágenes, realizar una ecografía y, en determinadas circunstancias, incluso una biopsia.
Esto puede generar preocupación y ansiedad durante el proceso.
Sin embargo, que te llamen después de una mamografía para completar el estudio no significa automáticamente que tengas cáncer.
Muchas de esas pruebas adicionales terminan demostrando que no existe una lesión maligna.
¿Puede una mamografía ser normal y existir un cáncer?
También.
Ninguna prueba médica tiene una sensibilidad del 100 %.
Es lo que conocemos como falso negativo.
Por eso una mamografía de cribado normal no debería utilizarse para ignorar un síntoma que aparece posteriormente.
Si notas un bulto nuevo seis meses después de una mamografía normal, no debes pensar:
“Como la mamografía estaba bien, esperaré hasta dentro de dos años”.
Consulta.
¿Qué es el sobrediagnóstico?
Este concepto es menos conocido y puede resultar difícil de comprender.
El cribado puede detectar algunos cánceres que, aunque cumplen los criterios diagnósticos de cáncer, quizá nunca habrían llegado a producir síntomas o amenazar la vida de esa persona durante su vida.
El problema es que cuando los detectamos no siempre podemos saber con absoluta certeza cuáles evolucionarán y cuáles no.
Esto puede conducir a tratamientos que, retrospectivamente, quizá no habrían sido necesarios.
A esto lo denominamos sobrediagnóstico, y es uno de los posibles perjuicios que deben considerarse cuando se evalúa un programa poblacional de cribado.
Hablar de ello no significa que el cribado sea malo.
Significa informar correctamente sobre sus beneficios y limitaciones.
¿La mamografía utiliza radiación?
Sí.
La mamografía utiliza rayos X a dosis bajas.
La exposición individual es pequeña, pero la radiación forma parte de los elementos que se consideran cuando se diseñan los programas de cribado y se determina con qué frecuencia debe realizarse la prueba.
De nuevo:
más pruebas no significa necesariamente mejor medicina.
Las pruebas deben realizarse cuando el balance entre beneficio y riesgo justifica hacerlas.
¿Por qué cada dos años?
La periodicidad tampoco se elige al azar.
El programa nacional aprobado para el nuevo rango de 45 a 74 años mantiene un intervalo de dos años.
El objetivo es encontrar un equilibrio entre detectar cánceres suficientemente pronto y evitar los perjuicios derivados de realizar pruebas con una frecuencia innecesariamente elevada.
Esto se refiere al cribado poblacional de mujeres sin síntomas y con riesgo poblacional.
Una mujer con una situación de riesgo diferente puede necesitar otro seguimiento.
¿Y si tengo antecedentes familiares de cáncer de mama?
Aquí entramos en un escenario diferente.
El programa poblacional está diseñado para mujeres de la población general.
Pero algunas personas presentan un riesgo de cáncer de mama superior al habitual debido a sus antecedentes personales o familiares o a una predisposición hereditaria.
En esos casos puede estar indicada una valoración individual del riesgo.
Dependiendo del nivel de riesgo, la edad de inicio, la frecuencia y las pruebas utilizadas para el seguimiento pueden ser diferentes de las del programa poblacional.
Por eso no deberíamos aplicar automáticamente la misma estrategia a todas las mujeres.
¿Tener una madre o hermana con cáncer significa que necesito resonancias?
No necesariamente.
Los antecedentes familiares deben analizarse en conjunto.
Importa:
qué familiares han tenido cáncer;
qué tipo de cáncer;
a qué edad fueron diagnosticados;
si existen varios casos en la familia;
si ha habido cáncer de ovario, cáncer de mama masculino u otros tumores relevantes;
y si existe una alteración genética conocida.
A partir de ahí podemos valorar si existe indicación de asesoramiento genético o de un seguimiento diferente.
Una prueba más compleja no es automáticamente una prueba mejor.
¿Por qué no hacemos una ecografía a todas las mujeres además de la mamografía?
Porque una prueba complementaria no debería añadirse sistemáticamente simplemente porque pueda detectar más imágenes.
Tenemos que saber si incorporarla mejora suficientemente los resultados y cuál es el coste en falsos positivos, biopsias, ansiedad y otros efectos no deseados.
La ecografía mamaria es extraordinariamente útil en determinadas situaciones, pero no sustituye de forma general a la mamografía como prueba estándar del cribado poblacional.
Puede utilizarse como complemento cuando existe una indicación concreta.
¿Y la resonancia mamaria?
Tampoco es una prueba de cribado para todas las mujeres.
La resonancia tiene una gran sensibilidad y resulta muy útil en determinados grupos, especialmente en algunas mujeres con riesgo elevado.
Pero también puede detectar hallazgos que obliguen a realizar estudios adicionales y no está indicada sistemáticamente para toda la población.
La pregunta correcta no es:
“¿Cuál es la prueba que más cosas detecta?”
Sino:
“¿Cuál es la estrategia de cribado que ofrece el mejor equilibrio entre beneficios y riesgos para esta mujer?”
Cribado no significa prevención
Esta diferencia también merece ser explicada.
La mamografía no evita que aparezca un cáncer de mama.
Su objetivo es intentar detectarlo antes.
Eso es prevención secundaria.
La prevención primaria intenta disminuir la probabilidad de desarrollar la enfermedad actuando sobre factores de riesgo modificables cuando es posible.
Son conceptos diferentes.
Entonces, ¿qué debería hacer?
Si eres una mujer sin síntomas, participa en el programa de cribado que te corresponda según tu edad, comunidad autónoma y nivel de riesgo.
En España se ha aprobado ampliar progresivamente el programa poblacional hasta abarcar de los 45 a los 74 años, con mamografía cada dos años.
Si tienes antecedentes personales o familiares relevantes, pregunta si necesitas una valoración individual del riesgo.
Y si notas un cambio nuevo en tu mama:
no esperes al cribado.
Consulta.
Cinco ideas para recordar
1. El cribado está dirigido a personas sin síntomas.
2. La mamografía es la prueba fundamental del cribado poblacional de cáncer de mama.
3. España ha aprobado ampliar progresivamente la población objetivo a mujeres de 45 a 74 años.
4. El cribado tiene beneficios, pero también posibles perjuicios como falsos positivos, falsos negativos y sobrediagnóstico.
5. Si notas un bulto u otro cambio nuevo en la mama, no debes esperar a la siguiente mamografía de cribado.
Detectar antes, pero también informar mejor
Cuando hablamos de cribado de cáncer tendemos a simplificar el mensaje:
“Hazte una mamografía”.
Pero creo que podemos hacerlo mejor.
Una mujer debería comprender por qué se le ofrece una prueba.
Qué beneficio esperamos obtener.
Qué limitaciones tiene.
Qué puede ocurrir si aparece un hallazgo.
Y qué debe hacer si desarrolla síntomas aunque su última mamografía haya sido normal.
Participar en nuestra salud no consiste en hacer cuantas más pruebas mejor.
Consiste en hacer las pruebas adecuadas, en las personas adecuadas y en el momento adecuado.
Y también en comprender por qué las hacemos.
Porque cuando entiendes, decides mejor.
Dra. Marta Maes
Cirugía General y Digestiva · Especial dedicación a Patología Mamaria y Cáncer de Mama
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Dra. Marta Maes
Cirugía General y Digestiva · Patología Mamaria · Cáncer de Mama
Ourense
Nota: Este artículo tiene finalidad divulgativa y no sustituye una valoración médica individual. Los programas de cribado pueden presentar diferencias en su implantación entre comunidades autónomas y pueden modificarse a medida que se actualiza la evidencia científica.
